Anthony Balderrama, redactor de CareerBuilder.com
Fuente: http://msn.empleoscb.com/ViewArticle.aspx?articleid=240
En una sesión de preguntas y respuestas con los electores el día previo a las primarias presidenciales 2008, la antigua aspirante a la Casa Blanca, Hillary Clinton, se emocionó un poco mientras respondía una pregunta. No gritó, sollozó ni siquiera dejó el escenario para componerse en privado. Sus ojos se llenaron de lágrimas, continuó respondiendo la pregunta y luego pasó a otro tema. Fácilmente ganó las primarias al día siguiente.
Los expertos de TV y los participantes de blogs no dejaban de hablar de ella. No se referían a su política, sino que a su “demostración de emoción”. Se preguntaban cómo responderían las personas: ¿Era el fin de su campaña? ¿Era un obstáculo para las mujeres? ¿Fue montado para atraer la atención?
Su respuesta, en sí misma, fue que su deseo de mejorar el país la mantuvo vigente durante la campaña primaria presidencial más larga en la historia de Estados Unidos. Aunque unos cuantos políticos de alto perfil derramaron lágrimas en el recorrido electoral, ¿merecía realmente ese momento tanto alboroto?
Llorar no es simplemente una emoción cualquiera
Cuando se trata de llorar en el trabajo, no somos seres lógicos. Echa un vistazo a los artículos acerca de las lágrimas de Clinton y verás que la palabra “emocional” se repite una y otra vez.
¿Es el agotamiento más emocional que la alegría o la ira? ¿Decimos que los colegas que se ríen mucho son emocionales? ¿Qué sucede con los jefes que gritan?
Sin embargo, por más molesto que pueda resultar el incesante cacareo de tu vecino de cubículo, es probable que esto no le otorgue una fama desfavorable entre sus pares. Si él llorara con frecuencia, no le iría tan bien; es un hecho que eso molesta a algunos profesionales.
“Decir que llorar es inapropiado es como decir que tener emociones es inapropiado”, indica Laurent Duperval, asesor e instructor de comunicaciones. “Llorar es la expresión de una emoción como cualquier otra, excepto que está asociado a un estigma negativo”.
El lugar y momento adecuados
Sin embargo, no pienses que las lágrimas siempre son aceptables. Como cualquier otra demostración de emoción, llorar tiene su lugar y momento adecuados. No te reirías durante una conferencia si el jefe anuncia que las ganancias trimestrales son las más bajas de todos los tiempos, pero sí lo harías si éste dice una broma graciosa (o al menos él cree que lo es).
“En general depende de cómo y por qué sucedió. Si es un suceso recurrente, si es una táctica usada para salirse con la suya, sí que puede perjudicar tu profesión porque a la larga las personas se aburrirán”, indica Duperval. “Si el llanto va acompañado de una rabieta o de violencia, casi siempre es inapropiado”.
Quizás el único caso en que el llorar es ampliamente aceptado es cuando se reciben malas noticias, como el fallecimiento de alguien que conoces. Después de todo, no eres un robot. La psicóloga organizacional Marcia Reynolds concuerda.
“Aunque no creo que cualquiera deba llorar a propósito, un llanto espontáneo sólo perjudica a la persona que cree que es débil porque lo hace”, señala. “No es una señal de debilidad. Es una señal de humanidad”.
Como sucede en la mayoría de las situaciones laborales, los colegas y jefes esperan que seas profesional. Si lloras cuando tu jefe te reprende o te entrega una evaluación negativa, es probable que no te ganes la mejor reputación.
El factor “género”
Cuando analizas el tema de las lágrimas en la oficina, no puedes ignorar la función pasada y presente que desempeña el machismo. Si una mujer llora en el trabajo, los misóginos están listos para etiquetarla como débil, lo que prueba que las mujeres son el sexo débil. Otros trabajadores son puestos en la extraña posición de no querer parecer muy susceptibles pero tampoco demasiado fríos. Por este motivo, no todos consideran que llorar sea una acción regular cualquiera.
“Llorar en la oficina es un comportamiento poco profesional”, indica Sandy Dumont, un asesor de imagen de Image Architect. “Esto es particularmente cierto si eres mujer, porque hace que los hombres se sientan inútiles para arreglar la situación, así como también un poco culpables por haberte molestado”.
Aunque ser mujer complica una situación que ya es difícil, uno no siempre puede controlar las lágrimas, así como tampoco reír en silencio ni esconder la ira, independientemente del género. Y con opiniones encontradas acerca de la aceptación de las emociones en el lugar de trabajo, definitivamente no puedes decir que haya una respuesta correcta o incorrecta. La única constante es que te conoces a ti mismo y tu ambiente laboral mejor que nadie, así que sólo tú puedes decidir si llorar perjudicará o no tu profesión.
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